Antes, la ciudad y sus calles eran el espacio privilegiado para la confrontación político-ideológica. Luego vinieron los medios, convirtiéndose ellos en plaza pública para la política. Ahora, la Red que invade poco a poco los rincones más insospechados se ha ido convirtiendo en una jungla para las prácticas políticas.
Eso dice la presentación del número más reciente la revista Comunicación: Tramas Urbanas en el cual aparece publicado mi artículo Identidades políticas en la web. Miradas sobre las prácticas políticas en red.
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Tres abrebocas
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Habla el etnógrafo digital:
¿Qué lugar le atribuimos a la tecnología en la construcción de los fenómenos sociales?, cualesquiera que estos sean: la identidad (individual o colectiva), el orden, la construcción de la comunidad, el desarrollo de un movimiento social… ¿cuál es el papel que atribuimos a la tecnología en la construcción de lo social? o dicho de otra manera, ¿forma parte la tecnología de la sociedad o la consideramos como un factor externo?, ¿podemos hablar de lo técnico como una categoría diferente de lo social?, ¿o eso que llamamos técnico es tan social como lo social?
De lo que sí habría que cuidarse es de que los usos políticos de la web sean aquellos ya establecidos por las normas pre-establecidas del web. Es decir, internet es un espacio para subvertir y apropiarse.
En el caso de Venezuela, la tecnología de información que más despunta es el SMS, superando incluso a los ya tradicionales correos electrónicos y sitios web de candidatos. El número de electores a los cuales se puede llegar vía SMS en Venezuela se estima en 9 millones, es decir más de la mitad del número de registrados para votar y casi 90% del número de votantes en las elecciones presidenciales 2006. La población de electores que podría alcanzarse vía herramientas basadas en la Internet se estima en más de 4 millones, aproximadamente 500 mil en Facebook y poco más de 60 mil en la blogosfera; mientras que vía correo electrónico podrían alcanzarse cerca de 6 millones de personas. Blogosfera, redes sociales y telefonía celular resultan particularmente atractivos para el mercadeo político dada las facilidades para la segmentación que ofrecen.
Por donde antes tartamudeaban el AK-47, la ‘guacharaca’y la Mini Uzi en manos de asesinos imberbes, ahora transita la palabra y la imagen. Y sus armas son inofensivas: los computadores de la biblioteca filial a la Pública Piloto y las cámaras fotográficas y de video que registran no las historias de los bronces de los parques, sino los cuentos de carne y hueso, los que se cuentan desde la piel, el más externo de los sentidos y el más profundo de los órganos. Un nuevo ciudadano se está formando allá en lo más alto, en el territorio más aislado de nuestras prevenciones, en la periferia de nuestra tolerancia.
En una prosa ligeramente lírica, Víctor Solano (bitacorista y comunicador social bogotano) narra sus sentimientos con respecto a Hiperbarrio. Ciertamente, este proyecto (patrocinado por Rising Voices) está ayudando a jovenes provenientes de barrios pobres, marginalizados e históricamente violentos a usar la web para dar a conocer sus más auténticos sueños. Mediante sus blogs, los participantes de Hiperbarrio podrán ser vistos como “nuevos ciudadanos” por otros colombianos y por gente de distintos lugares del mundo, que se habían acostumbrado a pensar en Medellín como un territorio ocupado por traficantes de drogas y sicarios que no merecían compasión.
Las buenas noticias escritas por estos cuenta-cuentos de la web se están propagando rápidamente. Gente ajena a Medellín están descubriendo esta experiencia de medios ciudadanos. Algunas personas han ido a visitar La Loma para conocer al grupo ConVerGentes, participantes pioneros de este proyecto.El fotógrafo argentino, Martin Weber, estuvo allí para “tomar una foto” de los sueños de los participantes de Hiperbarrio. Ahora, Hiperbarrio está en el mapa de los sueños latinomericanos.